Embargo: Estados Unidos bombardea el diálogo

La camarilla gobernante en Washington bombardea con un embargo la salida dialogada en Venezuela e intenta repotenciar la maltrecha dirigencia opositora

CLODOVALDO HERNÁNDEZ CIUDAD COJEDES

Bombardear cualquier posible salida dialogada y repotenciar la maltrecha dirigencia política que representa localmente sus intereses son los objetivos que, a primera vista, se aprecian en la nueva vuelta de tuerca del gobierno de Estados Unidos contra Venezuela. La orden ejecutiva de embargo total, emitida por Donald Trump, es un golpe directo contra el acercamiento que ha venido perfilándose como salida democrática al conflicto político venezolano, tras las reuniones de Noruega y Barbados. La camarilla gobernante de Estados Unidos

–jefa verdadera de la oposición venezolana- parece confiar en que la escalada en las medidas coercitivas unilaterales será el elemento de presión necesario para forzar a que en la mesa no se produzca un acuerdo honorable para las dos partes, sino una rendición incondicional del chavismo. Lo voceros imperiales lo han dicho en reiteradas ocasiones: lo único que puede negociarse en los encuentros de Barbados es la salida de Maduro del poder y la continuación de la ruta que el autoproclamado presidente encargado ha planteado desde enero.

OXÍGENO PARA UN LIDERAZGO MARCHITO La nueva agresión contra Venezuela es también un intento de darle un nuevo empujón al modelo de “cambio de régimen” encabezado por Juan Guaidó, que ha fracasado en el plano político, aunque ha reportado grandes beneficios para sus ejecutores estadounidenses y venezolanos en lo que se refiere a la apropiación de activos pertenecientes a la República Bolivariana de Venezuela.

Hasta los personajes más eminentes de la jugada estadounidense han reconocido que Guaidó está lejos de haber cuajado como el gran líder que se proyectó en los laboratorios que crearon su imagen política.

Ante las dificultades para “cambiar de caballo a mitad del río” (buscar un nuevo líder), los estrategas hacen grandes esfuerzos por darle oxígeno a un proyecto tempranamente marchito. La camarilla estadounidense sabe que cuando desde Washington se fija una línea, los factores opositores que se han mantenido en posturas ambiguas se ven obligados a tomar partido.

El que no apoye abiertamente la postura de Estados Unidos se arriesga a quedar fuera del reparto del botín (político y económico) que esperan realizar los cabecillas una vez que logren el objetivo de derrocar al gobierno constitucional de Nicolás Maduro.

Aplicando ese mecanismo de extorsión esperan aglutinar fuerzas alrededor del alicaído y desprestigiado Guaidó para una anunciada arremetida final.
RESACA EN LA OPINIÓN PÚBLICA Para esos factores opositores, la jugada de sumarse a la ofensiva de Estados Unidos es una decisión complicada porque resulta evidente que cada vez menos militantes del antichavismo están avalando la tesis de que las sanciones y los bloqueos son contra funcionarios del gobierno y no contra el pueblo.

Las evidencias cotidianas indican lo contrario y son muchos los ciudadanos de oposición que lo han comprobado, en ocasiones dramáticamente, mediante privaciones severas en aspectos claves de la existencia, como la alimentación, la salud y también en cuestiones menos trascendentales, pero que se refieren a la calidad de vida, un componente fundamental, sobre todo para las clases medias.

La resaca de la opinión pública en este tema es, en buena medida, la explicación de la caída libre en la popularidad de Guaidó, registrada incluso por las encuestadoras más sesgadas a favor de la oposición. Voluntad Popular, como principal aliado de Estados Unidos en esta maniobra, no tiene ningún problema en aparecer abiertamente respaldando el bloqueo. Ya lo han hecho Guaidó, Carlos Vecchio y el célebre “procurador” Juan Ignacio Hernández, todos corresponsables directos de las medidas coercitivas.

Los tres, así como otros voceros de esta corriente política y del ala extrema opositora, siguen repitiendo que las medidas no afectarán a la población ni a los empresarios privados, pero la realidad se les opone tercamente.

La gente de la base opositora lo sabe incluso mejor que los independientes y los chavistas, porque sus actividades laborales y personales están por lo general más vinculadas al comercio exterior, a los viajes internacionales y a otros aspectos que se ven afectados por las restricciones impuestas arbitrariamente.

La orden ejecutiva de este lunes se esconde bajo el artificio de “bienes del gobierno”, que en realidad no despista a nadie porque se sabe que se trata de propiedades del Estado venezolano y en consecuencia, directamente vinculados al patrimonio de toda la ciudadanía.

EL AJEDREZ MULTILATERAL La espiral sancionatoria contra Venezuela se produce en un escenario internacional complejo, en un tiempo en el que la coerción unilateral parece ser la única herramienta de geopolítica del gobierno de Donald Trump, pues en lo que va de año la ha enarbolado también directamente contra Rusia, China, Irán y Cuba, e indirectamente contra todos los demás países del orbe, incluyendo sus aliados de la Unión Europea y “el patio trasero latinoamericano”.

Ese contexto podría propiciar una respuesta internacional diferente a la que en otros momentos de la historia reciente se han producido ante el mismo tipo de operaciones de aplastamiento de países por parte de potencias mundiales, como ocurrió con Libia y Siria.

La reciente declaración de 120 naciones del Movimiento de Países No Alineados, rechazando el bloqueo y las medidas unilaterales contra Venezuela puede haber sido el preludio de declaraciones de similar tenor en el seno de Naciones Unidas, donde además Venezuela cuenta con el respaldo nada desdeñable de Rusia, China y otras naciones del Consejo de Seguridad.

Mientras tanto, Estados Unidos confía en encontrar apoyos a sus políticas coercitivas en el Grupo de Lima y en una Organización de Estados Americanos que bajo la dirección de Luis Almagro, no tiene otros temas a los cuales dedicarse, aparte de Venezuela.

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